logo4.gif (3475 bytes)Estimulación Sensorial

LA DESORIENTACIÓN DEL NIÑO DISLÉXICO EN LA ESCUELA MATERNAL

Dr. Alfred A. Tomatis

Congreso Nacional de la Sociedad Sud Africana para Educación-

Universidad de Potchefstroom (1976)

Si es cierto que preescolar es la edad de oro durante la cual el niño se apresta a dialogar con su ambiente, no es menos verdad que ese reencuentro muy difícilmente se efectúa a veces y en ciertas circunstancias, no se realiza del todo. Y es entonces que aparecen los dramas que Ud. conoce concernientes a la inserción del niño dentro de la vida escolar. Se van a manifestar todos los problemas de adaptación, en particular aquellos que hoy en día se conocen bajo el nombre de dislexia.

Desde su vida fetal hasta su entrada a la "gran escuela", el niño deberá efectuar un camino psico-sensorial que me complacería recordar ante Uds. a fin que nosotros podamos tomar conciencia de los incidentes susceptibles de surgir en el camino, a riesgo de comprometer muy seriamente o casi definitivamente la evolución escolar del niño.

Es principalmente bajo el ángulo de la escucha y del lenguaje que nosotros hacemos ese camino, quedando entendido que estudiaremos simultáneamente la manera por la cual el niño juega con su cuerpo para expresarse, para comunicarse con su medio familiar y escolar. Esta retrospectiva neuro-fisiológica parece necesaria cuando se trata de comprender, a través de los diferentes mecanismos puestos en causa, las tensiones relacionales vividas por el niño que crece y se apresta a reencontrar el universo del conocimiento al nivel de un mundo nuevo que es aquel de la escuela. Una aproximación tal permite prever si este pasaje será franqueado con entusiasmo o si, al contrario, la inserción en el medio escolar se realizará de un modo difícil y a veces también doloroso.ninomicrofono.JPG (56487 bytes)

A fin que nosotros estemos en posición de medir las múltiples adquisiciones que el niño debe efectuar en los diferentes campos para llegar al más alto grado de disponibilidad a la vista de su medio pre-escolar, nosotros nos proponemos dar brevemente aquí, una ojeada a las relaciones que pueden existir entre oído, lenguaje e imagen del cuerpo. En efecto, el niño que debe entrar en relación con el mundo que lo rodea, está llamado a servirse de un material verbal bien estructurado, lo que presupone que el aparato de control audio-vocal, es decir el oído, esté perfectamente adaptado a la comunicación y que la dinámica corporal esté integrada por completo.

No es mi intención darles hoy un curso de neuro-fisiología. Me gustaría, sin embargo exponerles brevemente los resultados de 45 años de experiencia concernientes al oído humano considerado como órgano esencial de la comunicación. Esta exposición les permitirá enseguida -al menos así lo espero- comprender mejor las dificultades de un niño de edad pre-escolar cuyo sistema nervioso no ha logrado el grado de madurez necesario para la puesta en función del conjunto psico-sensorial del cual debe disponer para entrar en el mundo del conocimiento.

Varios elementos se deben considerar sobre el plan de las relaciones existentes entre escucha, lenguaje y la imagen del cuerpo. Vamos a recordar y ensayar estudiar los incidentes de orden pedagógico que podrán utilizarse posteriormente con una meta educativa. Nosotros comenzaremos por abordar ciertas nociones importantes concernientes al oído humano, ese órgano que muy a menudo uno tiende a olvidar, en particular cuando se trata de analizar los procesos de integración del lenguaje del niño. ¿No está este último por lo tanto llamado a absorber, con la ayuda de una escucha bien agudizada, el mensaje que deben transmitirle sus mayores? ¿No es, como una antena colgada sobre ese emisor excepcional, dedicado a obedecer ("ob-audire", ir hacia lo que uno escucha) al Verbo que quiere expresarse en él?

Es fácil remarcar que uno se preocupa muy poco de la audición de un niño, que uno investiga rara vez sus posibilidades de escucha. En cualquier continente que sea, los exámenes y las pruebas de aptitud del niño jamás comportan un análisis fino de la audición. Uno busca las fallas al nivel de la visión, de la psico-motricidad, de la inteligencia, etc., pero por lo regular se olvida del oído. Sin embargo este órgano juega un papel muy importante en la escolaridad por todos los incidentes que puede tener sobre el lenguaje, la memoria, la atención, la comprensión. Así también parece bueno exponerles brevemente las diferentes funciones del oído humano.

1ª LA FUNCIÓN DE CARGA

Filogenéticamente es la primera en ponerse en acción y constituye un elemento energetizante de gran eficacia. El oído puede compararse a una dínamo que transforma las estimulaciones que recibe, en energía neurónica destinada a alimentar el encéfalo. Esto explica por-qué un niño apático, adinámico, que no se interesa por su trabajo es a menudo un niño cuyo oído funciona mal sobre el plan de la carga cortical. Cabe entonces soñar con restablecer la función de carga de este dínamo con la ayuda de técnicas especialmente adaptadas.

El oído humano asegura una gran parte de la energía cortical. Él interviene en una proporción del 60% con relación a los otros órganos sensoriales. Si uno agrega a este aporte aquel de las respuestas de la piel, cuya función sensorial está filogenéticamente ligada a la función auditiva, si uno considera igualmente las respuestas sensitivo-musculares y sensitivo-articulatorias así como aquellas que emanan de los órganos diferenciados a punto de comienzo auditivo, uno llega a un porcentaje del 90% en lo que concierne a la energía atribuida al aparato cocleo-vestibular, lo que es considerable.

Para estar tónico y para tener un cerebro que marcha en su dinámica de pensamiento, un niño debe entonces tener un oído capaz de asegurar su papel de energetización. Para este efecto, es necesario, que él esté en medida de captar, de analizar y de transformar los sonidos que, sobre el órgano de Corti, corresponden a la zona en donde las células sensoriales son mucho más numerosas. Se trata en efecto de la zona de los sonidos agudos, de los armónicos elevados. Por esta razón, he denominado a los sonidos agudos sonidos de carga, en oposición a los sonidos graves que, distribuidos sobre la membrana basilar en la zona en donde las células de Corti son más raras, corresponden a los sonidos dichos "de descarga". No permitiendo transmitir al cerebro una gran cantidad de corriente y movilizando el cuerpo por el hecho que ellos excitan al mismo tiempo el vestíbulo (es decir, el utrículo, los canales semi-circulares y el sáculo) y provocan así los movimientos del cuerpo, los sonidos graves son entonces aquellos que consumen la mayor energía. Ellos agotan al organismo, lo fatigan y lo hacen inoperante.

Dicho sea de paso que, teniendo en cuenta estas consideraciones, es muy perjudicial para el niño dejarlo escuchar durante horas la así denominada música moderna que principalmente contiene sonidos graves -que por otra parte uno acentúa aumentando el canal grave de los aparatos emisores-. Para resistir a este "descenso a los infiernos" que los hace totalmente amorfos, nuestros jóvenes de hoy en día tienden a aumentar más y más la intensidad y a llegar a límites que pueden ser peligrosos para el aparato cocleo-vestibular y entrenar desórdenes neuro-vegetativos accionando sobre las redes nerviosas (simpáticas y para-simpáticas) asociadas a los mecanismos del aparato auditivo tomado en su globalidad.

2ª LA FUNCIÓN DEL EQUILIBRIO

Ésta, más conocida que la precedente, concierne más particularmente al aparato vestibular (utrículo, canales semi-circulares y sáculo) que representa la parte más arcaica del oído. Es gracias a este conjunto que se hacen posibles la movilización del cuerpo, su desplazamiento y su localización en el espacio. Este aparato será utilizado posteriormente para asegurar la verticalidad, sin duda, pensamos nosotros, bajo el impulso del lenguaje.

Otro punto sobre el cual me gustaría insistir es al que hace alusión a las relaciones que existen entre la función vestibular y la motricidad. En efecto, todas las raíces anteriores de la médula están bajo la dependencia del nervio vestibular. Así no habrá un sólo músculo del cuerpo que pueda escapar a este control; este de aquí explica que todo movimiento, todo gesto estará bajo la férula de este mismo bucle cibernético.

En consecuencia, cuando un niño se para mal, cuando está encorvado, cuando tiene dificultad para caminar, cuando es torpe en el desplazamiento de su cuerpo, se puede deducir que su vestíbulo no está en buenas condiciones. Será útil entonces pensar en estimular el órgano del equilibrio para que el niño tenga un mejor dominio de su instrumento corporal.

3ª LA FUNCIÓN DE LA ESCUCHA

Llegando en tercera posición sobre el plan filogenético, la función de escucha constituye una de las adquisiciones humanas más importantes dentro del plan de la comunicación. Injertada en el concepto pasivo que representa la audición, permite el divisado" de los sonidos y en particular de aquellos del lenguaje. Gracias a una red de control que hace intervenir los circuitos más cortos -sobre los cuales retornaremos en cualquier momento en materia de lateralidad- el oído se pone a la escucha del mundo exterior en vistas de comunicarse con aquel. Una maniobra tal deja suponer que el aparato auditivo representado más especialmente aquí por la coclea marcha en perfecto estado, es decir que el niño sea capaz de captar, analizar, seleccionar y controlar los sonidos que le llegan.

Después de haber recordado las principales funciones del oído humano, me gustaría hablarles ahora de las relaciones estrictas que existen entre la audición y la fonación y más exactamente entre la escucha y el lenguaje. Una larga experimentación en el dominio de la clínica me ha permitido extraer ciertas constantes que pude utilizar enseguida sobre el plan terapéutico. Los rasgos más marcados de esta investigación han consistido en establecer un paralelo entre el audiograma de un individuo y su fonograma. Pude así, desde 1953, sostener que "la voz sólo contiene aquello que el oído es capaz de controlar". A continuación, experiencias de laboratorio me llevaron a probar que toda acción aplicada al oído tenía una influencia inmediata sobre la función hablada o cantada. Dicho de otra forma, cualquier modificación del esquema auditivo implica una modificación del gesto vocal. Esta afirmación, rica por sus consecuencias, es el origen de las técnicas que utilizamos en este momento en materia de educación psicosensorial. Entrenando el oído de un individuo con el objeto de hacerle adquirir su postura de escucha, se acciona de manera concomitante sobre su voz y su lenguaje.

Un estudio embriológico me permitió, al pasar, descubrir el vínculo estrecho que existe entre el oído y los órganos de la fonación. De origen parecido, al nivel de ciertos arcos branquiales y la puesta en lugar de un mismo reino neurónico, hicieron del aparato auditivo y del conjunto fonatorio un único y mismo complejo funcional destinado a procurar al hombre el medio de comunicarse con sus semejantes con la ayuda del lenguaje. Es bueno precisar que los mismos procesos de control neurónico accionan a la vez sobre los dos músculos del oído medio (músculo del martillo y músculo del estribo) y sobre aquellos de la cara, de la cavidad bucal, de la lengua y de la laringe. Toda la articulación se encuentra directamente ligada así a la actividad más o menos intensa del aparato de adaptación auditiva que constituyen los diferentes elementos del oído medio.

Por contrapartida, podemos decir que la manera de hablar de un individuo indica su manera de escuchar y de aprehender el mundo sonoro. Así, el estudio de la voz y del lenguaje de un niño pueden darle al pedagogo valiosas señales sobre las posibilidades de escucha o de no escucha de su alumno. Una voz agravada, por ejemplo, será índice de un mal análisis de los armónicos elevados y en consecuencia será la prueba de una falta de energetización cortical. Lo mismo, problemas de articulación podrán señalar al maestro que el niño presenta distorsiones auditivas al nivel de ciertas bandas pasantes, que él no sabe percibir, por ejemplo, las sibilantes (y entonces que la selectividad está bloqueada) o que él confunde ciertos fonemas próximos unos de otros en la cadena fonética: q y g, p y b, t y d, etc. Le corresponderá a él buscar entonces las razones de esta falla de la escucha y encontrar los medios para remediarlos.

Es importante, en efecto, que el pedagogo trate de penetrar en el universo psicológico de los niños que le son confiados. Él debe preguntarse por-qué uno de entre ellos se bloqueó a la comunicación cerrando completamente su oído (comportándose entonces como un sordo), por qué otro, negándose a entrar en el dominio sónico de los mayores, continúa seseando, etc. Las diferentes etapas de la evolución del aparato de la escucha desde la vida intrauterina deben franquearse al mismo tiempo que se realiza el encaminamiento afectivo del niño y que se estructura su sistema nervioso. Pero a menudo pasa que las dificultades de orden emocional vienen a interrumpir este desarrollo y a introducir fijaciones que serán muy perjudiciales para el futuro del niño. Es necesario no olvidar jamás que aquel está llamado a hacer un esfuerzo importante para reencontrar en otro extremo de la comunicación, la voz que lo meció a lo largo de su vida fetal. Él deberá, al momento de su nacimiento, dejar la relación sonora líquida que lo unió a su madre, para adaptarse a otro universo, un mundo aéreo del cual él deberá aprender a conocer todos los secretos acústicos. Múltiples ejercicios le serán necesarios para reencontrarse con esa voz y para dejarse penetrar a continuación por los múltiples mensajes su ambiente le ofrecerá. El diafragma auditivo del oído, oculto desde su nacimiento, pronto tendrá que reabrirse para un nuevo reencuentro, un nuevo diálogo, basado esta vez sobre estructuras linguísticas mucho más complejas.

Es interesante ver construirse la cadena del habla al tiempo que el aparato de escucha se transforma y que la movilización del cuerpo se efectúa de una manera más y más hábil. La programación neurónica que va a conducir al niño hasta su verticalidad tendrá en cuenta los diferentes estados que llevarán el cuerpo de la estación horizontal hasta la estación de pie pasando por la posición sentado, la reptación, él gateo, etc. Cada una de estas etapas introducirá los escalones lingüísticos de los cuales el primero consistirá en un balbuceo, simple juego sonoro sin valor significativo al comienzo, sin embargo rápidamente coloreado de intencionalidad en función de las necesidades del niño y de las reacciones del medio ambiente. Este primer lenguaje -primitivo en el sentido propio de la palabra- es, en efecto la verdadera lengua materna cuyo carácter universal no se le escaparía al especialista más experimentado.

Hecho de un bisilabismo, este balbuceo se instala sobre una bilateralidad que va rápidamente a diferenciarse y entrenar una lateralización o más exactamente una jerarquización cortical, atribuyéndose a cada uno de los hemisferios funciones específicas: el izquierdo sirviendo para ejecutar las tareas y el derecho para controlar la actividad del primero. Por estos procesos neuro-fisiológicos que me es imposible de detallar, por falta de tiempo, la lateralidad se instala entonces, utilizando los circuitos más cortos para lograr una plena eficacia. El circuito derecho parece así haber sido elegido de una manera privilegiada para asegurar los controles a un alto nivel. Experiencias múltiples de laboratorio han demostrado que sólo el oído derecho retiene el poder de controlar los diferentes parámetros de la voz y del lenguaje: intensidad, frecuencias, timbre, ritmo, desarrollo de la frase, arreglo estructural. Esto no significa que el oído izquierdo, y en regla general el costado izquierdo, sean inútiles. Ellos tienen su papel que jugar, pero éste es diferente con relación a las actividades funcionales atribuidas al costado derecho del ser humano.

Es entonces importante para el pedagogo saber si el niño está bien lateralizado, es decir si utiliza sus dos hemisferios cerebrales de una manera armoniosa. Si el oído derecho interviene plenamente en sus funciones de control de la voz y del lenguaje, será fácil de verificar que el niño habla bien, distinto de expresarse con facilidad, responde rápidamente y de una manera pertinente a las preguntas que uno le hace, probando así que ha entendido y comprendido lo que uno viene de preguntarle. Se constatará igualmente que su voz sea clara, bien timbrada. Si se observa su cara, se ve que habla a "la derecha", es decir que utiliza su boca derecha y todo el costado derecho de su cara para expresarse. Éste es entonces el lado motor dominante, involucrándose el costado izquierdo después de la fonación.

Para que estas nociones bastante nuevas no vengan a chocar demasiado violentamente con los conceptos que Ud. pueda tener sobre la lateralidad, me gustaría decirles algunas palabras suplementarias concernientes a la diferenciación que existe entre cada costado del cuerpo en materia de lenguaje. Tanto sobre el plan simbólico como sobre el plan funcional, la derecha y la izquierda retienen características bien específicas. La izquierda representa la madre, el pasado, la voz, la vida estática, la tierra, mientras que la derecha representa el padre el futuro, el lenguaje, la vida dinámica, el sol. Estas indicaciones serán preciosas cuando se trate, por ejemplo, de interpretar una prueba de escucha. El análisis de las respuestas del oído izquierdo y del derecho indicarán entre otros cuál es la relación del individuo con su madre y con su padre, cuales son las tensiones que le impiden abrir plenamente su diafragma auditivo al mundo lingüístico que lo rodea.

Es así en cuanto a lo simbólico. Sobre el plano funcional, les he dejado suponer siempre que existía una boca derecha y una boca izquierda. Embriológicamente, es fácil de probar la presencia de estas dos entidades. Al igual que, existen dos laringes, siendo cada una enervada por el nervio recurrente o nervio laríngeo inferior, rama del nervio neumogástrico o X mo. Par craneal. Es a nivel de esta inervación que sería bueno detenerse en materia de lateralidad. Ella introduce, en efecto, una asimetría que contrasta con la simetría exterior que ofrece el cuerpo en su arquitectura. Esta ofensiva asimétrica del aparato laríngeo en su función fonatoria respondiendo a los dos impulsos cerebrales sincrónicos que emanan de cada uno de los hemisferios, se debe al hecho que el recurrente izquierdo se une a la laringe después de haber rodeado por lo bajo la arteria aorta, mientras que el recurrente derecho elige un trayecto mucho más corto pasando debajo de la sub-clavícula derecha. Esta asimetría explica la doble respuesta de la laringe a la estimulación cortical. No será necesario esperar mucho tiempo para que el cerebro se apodere de esta duplicación acústica a fin de estructurar su propia asimetría, en particular aquella que deberá regir el lenguaje. Desde entonces, la opción derecha o izquierda se instituye, asegurando el control por la emisión laríngea derecha o izquierda, estando estos diversos elementos bajo el dominio -como se lo mencioné en todo momento- de las mismas reglas neurónicas.

Existe entonces una voz derecha y una voz izquierda. Las características de cada una de ellas son perfectamente conocidas en la actualidad y pueden ser fácilmente descubiertas por un oído experimentado. No obstante, si la escucha del observador es deficiente, uno puede entonces tener que recurrir a los aparatos de laboratorio capaces de efectuar el análisis de ciertos parámetros; pero nada es más eficaz que un oído humano. Será necesario para el pedagogo poseer un aparato auditivo altamente entrenado que le permita estar a la escucha de la voz del niño que se le confía. Él deberá saber que una voz diestra -es decir controlada por los circuitos derechos- es aquella que contiene un timbre rico en armónicos elevados; entonces ella será timbrada, cálida, bien modulada. Servirá de soporte para un lenguaje preciso, de respuestas rápidas, con ritmos armoniosos. La voz zurda, al contrario, será tierna, sorda, a veces agravada, poco modulada, indicando una falta de armónicos. El lenguaje aportado por una voz tal se mostrará pobre, dudosa. El ritmo será lento, a veces entrecortado. Además puede ser que el niño, no habiendo optado ni por la izquierda ni por la derecha, esté inclinado a utilizar de una manera anárquica su costado derecho o su costado izquierdo para hablar. Estará entonces deslateralizado, utilizando de manera indiferente su cerebro derecho o su cerebro izquierdo para efectuar las labores para las cuales no están diseñados. De esto resultará una pérdida de energía considerable, con fatigabilidad y dificultad de atención. Sobre el plan del lenguaje, uno podrá asistir en ciertas circunstancias a la aparición de un tartamudeo o de una cierta incoherencia marcando la puesta en funcionamiento de una forma asincrónica las dos laringes y las dos bocas.

Para terminar esta aproximación psico-sensorial, me gustaría precisarles ciertos puntos de orden neurológico cuyas incidencias pedagógicas no son para desechar. En los ejercicios que les propondré para que hagan con los niños de la escuela maternal y primaria, la explicación neurofisiológica quedará como un soporte valuable para toda investigación posterior en el mismo seno de la escuela.

Aquí entonces los elementos enumerados que podrán ayudarles a comprender ciertos procesos del aprendizaje escolar:

1. Los dos hemisferios del córtex tienen papeles diferentes a jugar. El cerebro izquierdo contiene sobre su zona temporal una reservada a la memoria nominativa. Esta última se sitúa alrededor de la salida del nervio auditivo derecho. La recepción del mensaje sonoro que posteriormente debe memorizarse tiene entonces como vía de acceso privilegiada al oído derecho. Luego es importante que funcione perfectamente y que sea el oído rector, a fin de poder asegurar, sobre el plan de la integración, una memorización completa.

Agreguemos a este primer hecho que esta zona de la memoria nominativa es la única que está en una parte aislada del cortex. El que, les recuerdo, es un complejo de redes múltiples asociadas. Sólo la zona mencionada tiene pocas relaciones con el conjunto del hemisferio izquierdo. De modo que todo el mensaje sonoro, para ser memorizado, debe pasar por el oído derecho. Me parece útil insistir aquí sobre el hecho que el niño, para retener lo que se le enseña, deba, autocontrolándose por su circuito vocal derecho, decir, repetir, leerse a sí mismo en voz alta, las lecciones que debe aprender.

Con el niño de edad pre-escolar, la enseñanza de los primeros conocimientos se hará más fácilmente todavía mediante una verbalización que tenga un soporte musical. Las canciones infantiles, versitos cantados en particular, le ayudarán a memorizar y prepararán la futura estructuración lingüística. En efecto, los elementos de base de la lengua que el niño debe integrar para dialogar con su ambiente están contenidos en los ritmos musicales de estos cantos infantiles. Yo precisaría en esta ocasión que cada etnia tiene sus propios cantos. Aquellos del Canadá no se parecen, sobre el plan de la estructuración musical-verbal, a aquellos de Francia quienes, ellos mismos, son diferentes de aquellos de Italia o de España. Yo supongo que los cantos de los pequeños Africanos son de igual modo bien específicos.

Esta iniciación sonora con la ayuda de los cantos y de la música es entonces muy importante para preparar el sistema nervioso del niño a recibir en su plenitud la lengua de su grupo social. La música queda como la forma más importante de educación corporal. Ella permite integrar los ritmos, luego el tiempo; también determina, por su acción sobre el aparato vestibular, las nociones del espacio a través de una verticalidad bien elaborada. La postura del niño que canta o habla debe en consecuencia ser cuidadosamente estudiada por el maestro. Aquel debe vigilar que sus alumnos tengan una columna vertebral derecha, bien colocada, sobre todo cuando cantan o recitan. La estación de pie es preferible a la estación sentado para este género de ejercicios. También es importante vigilar la colocación de la cadera del niño.

2. Si se examinan sobre el córtex, al nivel del frontal ascendente, las diversas proyecciones corporales, se percibe que los músculos de la cara, aquellos de la fonación (boca, lengua, faringe, laringe) se encuentran ubicados cerca de la zona de la pinza índice-pulgar de la mano derecha. De modo que cuando un niño tiene dificultades para hablar, aprender, memorizar, se le puede proponerle auto-informarse con la mano derecha ubicándola a diez centímetros de su cara y dirigiéndose en voz alta a la zona del índice-pulgar como si tuviera un micrófono en la mano derecha. Nos damos cuenta por otro lado que la voz se enciende, se hace timbrada, que el desarrollo de la frase es más fluido, que el lenguaje está mejor estructurado.

Éste es un ejercicio fácil de realizar. Ciertos niños sin embargo se rehusan a hacerlo, en particular aquellos que rechazan la derecha con lo que ella representa en el plan simbólico: el lenguaje, el padre, el futuro. A los niños zurdos, que a menudo presentan importantes problemas afectivos, que permanecen fuertemente unidos a su madre, este entrenamiento puede serles de gran ayuda para preparar los circuitos de control audio-vocal.

3. Ahora traeré a la memoria, el papel que juega el nervio neumogástrico sobre el plan del lenguaje y de la representación proprioceptiva sensorio-motriz. Su influencia sobre la vida neuro-vegetativa del niño es capital. Él es el que enerva a la vez el tímpano, los órganos de la fonación y las vísceras (pulmones, corazón, intestinos, etc.). Accionando sobre el tímpano, es decir, modificando la postura de escucha del individuo, se puede liberar así al organismo de ciertos fenómenos de angustia manifestados a nivel de los órganos enervados por el neumogástrico.

Los variados datos de orden psico-fisiológico que vengo de exponerles tuvieron por meta, precisar los puntos esenciales sobre los cuales los pedagogos de hoy deben fijarse en la preparación del niño en edad pre-escolar para entrar a la escuela primaria, equipado de un instrumento corporal perfectamente adaptado a la comunicación.

El niño así preparado poseerá un lenguaje bien estructurado, adquirido en cuanto a lo esencial y en particular en su construcción dinámica. Su voz estará impostada; sus circuitos de control audio-vocales funcionarán de manera eficaz desde él logrará verbalizar su pensamiento. Su cuerpo habrá llegado a la verticalidad, su marcha estará dominada.

Desafortunadamente, cerca de un tercio de los niños llegan a la escuela primaria habiendo logrado un nivel de estructuración tal. Además, ésta se manifiesta como algo muy frágil todavía. Nada, en efecto, es más lábil que una lateralidad que se bosqueja, que una verticalidad que se busca, que una dinámica lingüística que se construye. El maestro también tendrá que saber descubrir de manera rápida el estado de maduración psico-sensorial al que ha llegado el niño que se le confía. Para esto, tendrá que proceder a hacer diversas investigaciones orientadas hacia la escucha, el lenguaje y la expresión corporal -tres parámetros que están íntimamente ligados sobre el plan de la verbalización-.

Después de la observación pedagógica deberán hacerse varias preguntas:

. Escucha bien el niño, y si escucha, ¿sabe escuchar? Existe una diferencia de grado importante que introduce la noción de pasaje del acto pasivo -que es aquel de oír- al acto consciente, voluntario, gnóstico- que es el de escuchar. En el primer caso, el joven alumno se encuentra sobrecargado con una enseñanza administrada por la fuerza; en la segunda hipótesis, el niño manifiesta el deseo de enriquecerse con lo que el maestro le enseña.

El niño que no sabe escuchar, está agitado, inestable, fatigado y fatigable, sin atención, desordenado, desorganizado. Él se molestará visiblemente ahí donde el alumno que escucha halla interés.

.¿Tiene el niño una buena voz? ¿Es diestra o zurda? En función de la movilidad de la cara y en particular de la boca, será fácil determinar el costado dominante. El análisis de la calidad vocal dará igualmente indicaciones preciosas. De acuerdo a que la voz sea timbrada, bien modulada, calurosa o al contrario, tierna, grave, sorda, el maestro conocerá el grado de elaboración de los circuitos audio-vocales que hacen intervenir los controles derecho o izquierdo.

¿Tiene el niño gestos armoniosos? ¿Juega él de su cuerpo como de un instrumento perfectamente afinado con el mundo que lo rodea? ¿Cuál es el grado de maestría que ha logrado para beneficiarse a gusto de un conjunto productor de sonidos de valor significativo, rico en inflexiones, en modulaciones, en matices, que aportan a la vertiente verbal una gama semántica de gran riqueza? O bien, al contrario, ¿es estorbado por un cuerpo con el que no sabe qué hacer, que reacciona de una manera anárquica en las cinestesias que no puede dominar? Una visible falta de lateralidad marcará entonces una profunda deficiencia de los autocontroles.

El maestro de escuela estará así en medida de dirigirse, en función de un esquema ideal, permitiéndole el expediente de faltas evaluar las dificultades de coordinación, y, en consecuencia, las pérdidas de energía. Él deberá a continuación poner manos a la obra para que se realice una corrección y se logre una armonización de los factores mencionados. La tarea será ciertamente difícil, larga y por tanto más delicada en tanto que el instrumento que se desea dominar es un cuerpo humano: Están sus necesidades, su vida propia, sus deseos, sus problemas, todo un conjunto de preocupaciones cristalizadas alrededor de factores psicológicos, afectivos, cuya riqueza de expresión parece sin límite. Sin embargo puede ser fácilmente definida por un pedagogo experimentado.

El niño de edad pre-escolar deberá entonces ser el objeto de una atención particular en lo que concierne al estudio de la dinámica de lenguaje. Es de la puesta en lugar de sus circuitos de control que va a depender todo su futuro escolar. Si el lenguaje oral está mal estructurado, el lenguaje escrito no podrá ser integrado de manera conveniente y, por este hecho el niño será disléxico. Corresponderá al maestro medir el grado de inmadurez del sistema audio-vocal de los niños en dificultad y de proceder a los reajustes de orden pedagógico que le permitan superar su retardo. La maquinaria educativa deberá ponerse a su disposición para que esté en posición de satisfacer plenamente los déficits instrumentales relativos a la sensorialidad, al esquema corporal (noción espacio-tiempo), a la lateralidad, etc.

Si él no dispone de los aparatos susceptibles para ayudarlo a aliviar rápidamente al niño en dificultades, el maestro deberá jugar de su ingeniosidad pedagógica a fin de permitir al alumno superar poco a poco sus deficiencias psico-sensoriales. Tendrá que solicitar su escucha haciéndole tomar conciencia de los sonidos, invitándolo a escuchar con el oído derecho. A este efecto, podrá ubicarse en la clase sobre el estrado, de tal suerte que pueda "rociar" de su saber, los oídos derechos de sus alumnos (en general, el escritorio del maestro está situado a la inversa de la "buena ubicación"). Igualmente podrá activar su mímica facial, haciéndole hacer ejercicios fonatorios solicitándole que empuje sus labios hacia adelante, evitando a todo precio que se retraigan las comisuras. En efecto, todo rictus corresponde a un debilitamiento de la musculatura del oído medio y por consecuencia a un déficit de la tensión de la membrana timpánica. El individuo no puede entonces estar "a la escucha". Su audición parte al infinito y el niño se distrae. Se dice entonces que está en la luna.

Fuera de estos ejercicios fonatorios, el maestro podrá pedir a sus alumnos hablar o leer dirigiéndose a su mano derecha (pinza pulgar-índice colocada a diez centímetros de la boca derecha). También tendrá que vigilar la postura, verticalizar al niño de modo que la columna vertebral esté bien derecha (en particular al nivel de las vértebras lumbares y de la región occipital) y que la cadera esté ubicada correctamente.

En fin, se le pedirá al maestro que haga cantar a los niños con la mayor frecuencia posible. El canto y la música en clase maternal son de una importancia considerable. Las bases de la futura estructuración lingüística y en particular los elementos de ritmo y de la duración- con referencias corporales- están contenidos en la trama musical. Los cantos que preparan el futuro lenguaje en sus parámetros espacio-temporales constituyen una ayuda eficaz para el pedagogo. Aquí todavía yo insistiría sobre el hecho que éste debe tener una buena voz, impostada, que sepa cantar bien y afinado, que sea un maestro de su sistema fonatorio. Nosotros vimos siempre, que desde su vida intrauterina, el niño atraviesa en el campo auditivo varias fases que lo obligan a avanzar hacia adaptaciones acústicas múltiples permitiéndole ponerse en resonancia con su medio ambiente. La plasticidad del oído durante la primera infancia es entonces muy grande. Así, para estar a la escucha del mundo exterior, el niño regulará su diafragma auditivo de acuerdo a la voz que lo educa. Si ella está bien colocada, cálida, timbrada, controlada por los circuitos derechos. El receptor a la escucha preservará su integridad. Al contrario, si su voz es izquierda, ronca, destimbrada, monocorde, destruirá el oído del niño poco a poco. Ella rápido perderá sus posibilidades de análisis, de afinación, de atención, de concentración. Es un hecho sobre el cual hay que insistir porque explica ciertos bloqueos que pueden aparecer en el jardín de niños. Me gustaría recordar aquí una anégdota que nos cuenta la historia antigua. Se trata de los debates que sacudieron a Atenas del tiempo de Platón y de Aristóteles al respecto de la edad a la cual se debe mandar a los niños a la escuela. Platón proponía seis años, Aristóteles cinco años y Crisipas tres años y medio. Atenas sin escuchar a nadie decide fijar la edad en siete años. Es entonces que Crisipas levanta su voz, a título de recomendación a todos los pedagogos: "¡Que así sea, pongan a los niños en la escuela a los siete años, pero vigilen bien antes que las personas que se encarguen de educarlos tengan una buena voz; Si no ellas anularán los oídos de los niños!"

¿Qué podemos sacar de esta lección? La certeza que la voz es un elemento de comunicación esencial en el medio pedagógico pre-escolar. Me parece por otro lado inconcebible, no detenerse en la puesta a punto del material educativo más precioso en materia de enseñanza, a saber, la voz del maestro. Así yo propondría instituir, bajo esta perspectiva, un entrenamiento audio-vocal para todo pedagogo dentro del cuadro de la enseñanza que le sea dispensado después de su formación. El conocimiento de cual el niño debe embeberse para entrar en el universo de los grandes no está ligado únicamente al contenido del saber transmitido. El aporte oral, verbal, que vierte la Palabra viva me parece de igual importancia para la educación del niño.

Terminaré aquí mi propósito, esperando haber aportado a los que son pedagogos, algunas nociones de orden psico-fisiológico susceptibles de ayudarles en su tarea tanto maravillosa como igualmente tan ardua. Yo no ignoro las dificultades que encuentran los educadores de nuestra época aprisionados con las teorías pedagógicas más o menos contradictorias emitidas en un clima de inseguridad en lo que toca tanto al plano escolar como al plano familiar. La actitud de los padres queda, por supuesto, ligada al comportamiento de sus niños en la escuela y en especial en el jardín, es decir al momento en que el niño tiene necesidad de sentirse asistido para estructurar su comunicación el mundo exterior. Es tiempo de educar a los padres así como a los maestros si se quiere conjugar esfuerzos para que desaparezcan rápidamente todos los impedimentos susceptibles de comprometer varios años de aprendizaje.

Un padre juega un papel importante en el seno de esta cruzada humanizante que debe preparar al niño pequeño para llegar a ser un alumno feliz y activo. Nada es más entristecedor que constatar las tensiones relacionales que pueden existir entre un padre y sus niños. Si él no sabe dialogar con ellos, lo que no significa que él deba ser su compinche - no podrá fertilizar su ser de todo el valor "semántico" del lenguaje social-. Si la voz es "zurda", mal timbrada, monótona, o agresiva, los oídos familiares se cerrarán, y no se abrirán más que en raras ocasiones. La vida pre-escolar será entonces fuente de quejas y de insatisfacción en lugar de ser ese momento excepcional de enriquecimiento en el curso del cual el niño toma posesión de su territorio lingüístico.

Es entonces esencial que el padre se comunique con sus niños, que les hable a menudo con una voz bien colocada y en un tono que atraiga el diálogo. Él estará atento a su propósito, revelándose así ante él a su entera disponibilidad. Muchas consideraciones deberían hacerse todavía para relevar al individuo de la actitud paterna frente al niño en edad pre-escolar, pero yo no puedo extenderme más por el momento, habiendo sobrepasado por mucho lo que se me acordó.

Yo concluiré entonces rápidamente este resumen con un deseo, aquel de ver abrirse las perspectivas de orden pedagógico al mundo del sonido y de la escucha. Queda para los padres y para los maestros el preocuparse de las condiciones sobre las cuales se estructura la comunicación del niño pequeño que se le confía para que se afirme como una evidencia el deseo de aquel de expresar el pensamiento que comienza a surgir de lo profundo de su ser.

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